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En la víspera de la Cumbre sobre la Acción climática de las Naciones Unidas que se celebrará en Nueva York, en los Estados Unidos de América, el día 23 de septiembre, no hay duda de que el cambio climático está ya presente en todos los países  de cada uno de los continentes. A menudo el impacto es mayor en las regiones que ya se enfrentan a otros desafíos. Allí los grupos vulnerables, entre los que se encuentran las personas que viven con el VIH, son los más afectados.

Cuando el ciclón Idai avistó tierra cerca de Beira, en Mozambique, el 15 de marzo de 2019, la torrencial lluvia y los fuertes vientos causaron inundaciones repentinas, cientos de muertes y un daño generalizado en muchos hogares e infraestructuras. El 19 de marzo se calculó que había unas 100 000 personas que necesitaban ser rescatadas. Las redes de comunicación de la ciudad se cayeron y los 17 hospitales y centros sanitarios sufrieron un inmenso daño.

Aquel golpe hubiera sido devastador en cualquier sitio, pero lo fue aún más en la provincia de Sofala, donde uno de cada seis adultos vive con el VIH. Cuando las inundaciones asolaron la ciudad, muchas personas vieron, sin poder hacer nada, cómo el agua se llevaba sus medicaciones.

Menos de seis semanas después, el 25 de abril, el ciclón Kenneth  llegó y asoló la zona norte de Mozambique. En términos generales, las catastróficas inundaciones provocadas por las dos primeras tormentas afectaron a 2,2 millones de personas en Malaui, Mozambique y Zimbabue.

La temperatura y el nivel del mar han subido, lo que está contribuyendo a incrementar la intensidad y la capacidad destructiva de los huracanes y los ciclones tropicales como Idai y Kenneth en muchos países ya propensos a episodios climáticos extremos.

Cuando el huracán Kenneth golpeó Zimbabue, la directora regional de ONUSIDA, Mumtaz Mia, dijo que su prioridad era garantizar que las personas que viven con el VIH, incluyendo las mujeres embarazadas inscritas en los programas para prevenir la transmisión maternoinfantil, pudieran tener acceso al tratamiento para el VIH.    

«En Zimbabue, donde las emergencias no son un fenómeno nuevo, las personas que vivían con el VIH fueron dejadas a su suerte cuando el temporal arrasó con sus medicamentos».

Tras el paso del ciclón, la señora Mia y su equipo se reunieron con representantes del gobierno y la sociedad civil, donantes y otros socios para intercambiar opiniones sobre la respuesta. Rápidamente se aseguraron de que las necesidades específicas de las personas que viven con el VIH quedaran contempladas en las operaciones de alivio. Esto incluía la coordinación con los socios, entre ellos copatrocinadores de ONUSIDA, el ministerio de Salud y Atención a la Infancia y el Consejo nacional para el sida y el VIH, con el fin de asegurar la distribución de la terapia antirretroviral y los preservativos, la ayuda alimentaria para las personas que vivían con el VIH y los partos seguros para las mujeres embarazadas. También instauraron medidas para abordar las necesidades en materia de salud y VIH surgidas como consecuencia del desastre.

En Malaui el ciclón Idai afectó a casi un millón de personas y obligó a más de 100 000 a huir de sus hogares. Mucha gente abatida por la tormenta de Mozambique cruzó la frontera para buscar comida y refugio.

Para las personas que viven con el VIH, la preocupación respecto a su salud y el acceso a la medicación se añadieron a una situación ya de por sí compleja. A muchos lo primero que se les pasó por la cabeza fue qué hacer para salvar su medicación.

«Cuando llegaron las inundaciones, mi casa quedó destruida. Pero logré llegar hasta la bolsa de plástico en la que guardo mis pastillas antirretrovirales. Ellas son ahora mi tesoro más preciado», contaba Sophia Naphazi.

Según Elizabeth Kutendi, sus medicinas se salvaron gracias a que las guarda en el tejado de su vivienda.

Ambas mujeres fueron puestas a salvo en Bangula, un poblado al sur de Malaui que se ofreció a acoger a los miles de desplazados de las zonas vecinas. Su pequeño centro clínico proporcionó pruebas del VIH y prestó asesoramiento al respecto, abasteció de tratamiento del VIH y prestó apoyo psicosocial.

En otras partes de África es justo la falta de agua la que genera un desafío para mucha gente, al causar una enorme sequía y bloquear el acceso a servicios básicos como puede ser la atención sanitaria. África meridional solo ha disfrutado de dos temporadas agrícolas favorables desde 2012. Angola, Botsuana, Lesotho y Namibia han sufrido el desastre de la sequía.

La competición por los recursos agotados por la sequía en el Cuerno de África ha llevado al conflicto, lo que ha dificultado aún más el acceder a los grupos de personas con necesidad de asistencia en situación de emergencia, incluida la atención sanitaria. En muchos casos la única opción es huir a centros urbanos, y esto incrementa la presión sobre los proveedores de servicios de allí. A medida que empeoran las condiciones, podría producirse una migración a larga escala.

«El cambio climático supone una amenaza para todos nosotros», señala Gunilla Carlsson, directora ejecutiva en funciones de ONUSIDA. «Sin embargo, los grupos vulnerables de personas, entre ellas las que viven con el VIH y las afectadas por el virus, están principalmente expuestos a la mayor intensidad de los acontecimientos climáticos extremos que están teniendo lugar en algunas zonas del mundo en las que ya apenas se cuenta con mecanismos sólidos para hacerles frente. El cambio climático ha de ser visto hoy como uno de los mayores desafíos para lograr la salud y el bienestar de las personas».