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Fuente: laprensa.com.ar. Por Sebastián Muzi.

A pesar de que aún no hay demasiada conciencia sobre los impactos del recalentamiento global en la salud, este fenómeno exacerba las condiciones de algunas patologías como el dengue, el asma y la malaria. Latinoamérica no está exenta de esta problemática.

Doce años. Ese es el tiempo que queda según el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, según sus siglas en inglés) para evitar que el recalentamiento global sea irreversible.

El Acuerdo de París, que reemplazó al Protocolo de Kyoto, fue firmado en 2015 por 195 países pero no hay avances que reduzcan significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero que lo causan.

“El cambio climático ya está aquí y hay que empezar a trabajar. Cada región lo va a sufrir de diferente manera: en algunas tendrá una mayor frecuencia en huracanes, en otras tendrá una disminución en la cantidad de precipitaciones, y en otras directamente va a aumentar” advierte Alejandro Miranda Velázquez, ejecutivo del Banco de Desarrollo de América latina.

En un diálogo con periodistas de América latina entre los cuales figuraba este medio, el economista señala que el 54% de la población mundial vive en ciudades y es esa gente la que más lo va a sufrir, porque el 70% de las emisiones se están generando en las metrópolis, un dato no menor a la hora de relacionar las enfermedades que son causadas por la suba de la temperatura.   

“Ya el haber aumentando un grado en el último siglo ha provocado que en el día a día vayamos teniendo temperaturas máximas y mínimas más altas que dificultan la salud humana” asegura Matilde Rusticucci, investigadora del Conicet y profesora de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el cambio climático ha sido el culpable del 6% de los casos de malaria en todo el mundo y casi la mitad del planeta está expuesto a la enfermedad, con Africa encabezando la lista con un catastrófico 90% de los reportes.

En Latinoamérica, si bien los datos no son tan alarmantes como los de dicho continente, sí se han acrecentado en algunas zonas de Venezuela, donde pasaron de 136.000 casos en 2015 a 411.000 sólo dos años después, producto de la grave crisis económica y social que vive el país bolivariano. Y en el mismo segmento se encuentra Nicaragua, con el triple de pacientes en ese periodo.

EPIDEMIAS

Si bien Brasil reconoció en 2017 que tuvo un incremento de la malaria, no fue esta enfermedad la que generó una epidemia, sino los brotes de dengue, zika y chikunguña dos años antes, sobre todo en varios estados endémicos de la Amazonia y que se propagaron luego por varias regiones de Sudamérica y el Caribe.

Por esa razón, el Ministerio de Salud brasileño realizó este año un estudio donde evaluó el grado de infestación de sus ciudades. Concluyó que casi mil tienen un alto riesgo de brote, más otras 2.160 en situación de alerta. 

“El mosquito Aedes Aegypti (NdR: portador de los tres males) tiene una relación muy estrecha con el cambio climático ya que requiere condiciones especiales de temperatura y humedad determinadas: a más calor, más se reproduce” señala Aníbal Carbajo, investigador del departamento de Ecología, Genética y Evolución de la UBA.

En la Argentina, por ejemplo, el dengue se había erradicado en 1960, pero reapareció en las últimas décadas coincidiendo con los valores incrementados de la temperatura. El punto más alto se dio 2016, donde alcanzó el grado de epidemia con más de 70.000 enfermos, siendo catalogado como el peor registro en la historia del país.

El zika hizo estragos en la tierra del fútbol, la samba y el carnaval. En 2015, cuando se originó la enfermedad, la picadura de este insecto a mujeres embarazadas provocó que sus hijos nacieran con microcefalia, y sus síntomas confundieron en un principio a los médicos porque eran igual a los del dengue: fiebre, zarpullido, dolor en las articulaciones y conjuntivitis.

El chikunguña también manifiesta señales similares. Si bien el primer brote fue en Tanzania en 1952, recién apareció por nuestra región en 2006 con casos importados y en 2013 con la primera víctima, en la isla caribeña de San Martín (perteneciente a Francia).   

Por otra parte, el cólera y la fiebre amarilla pueden al mismo tiempo desarrollarse con una ola de calor o condiciones propicias para la reproducción de los mosquitos, aunque no tienen las estadísticas de los anteriores virus. Pese a ello, tanto los organismos nacionales como panamericanos han realizado esfuerzos por difundir las medidas de prevención -particularmente no dejar el agua estancada durante días- o la inmunización de los pacientes como ocurre en el segundo caso, llamada también vómito negro.  

ASMA

El científico australiano Paul Beggs ha demostrado en un trabajo que el cambio climático está teniendo un impacto directo sobre la incidencia de alérgenos presentes en el aire como el polen o alimentos como el maní en el asma alérgica.

Beggs, profesor de la Universidad de Macquaire, descubrió que el dióxido de carbono y la temperatura afectan directamente al metabolismo de las plantas mediante la fotosíntesis, mientras que las altas concentraciones de CO2 provocan que muchas plantas de esa legumbre tan familiar tenga una vaina de mayor peso

Ya en 2009, hace 10 años, los expertos congregados en el XXI Congreso Mundial de Alergia de Buenos Aires habían indicado que «los cambios en la distribución, cantidad y calidad de los pólenes (desencadenantes de alergias), así como la contaminación ambiental, estarían relacionados con una mayor prevalencia de asma y alergia y un empeoramiento de los síntomas de los pacientes».

El doctor vasco Ignacio Ansotegui, presidente de la Organización Mundial de Alergia (WAO, por sus siglas en inglés) cree que «el cambio climático, conjuntamente con el estilo de vida urbano, la contaminación y el estrés, están haciendo de las enfermedades alérgicas la mayor epidemia no infecciosa del siglo XXI».

El asma tiene actualmente unos 235 millones de pacientes en el mundo y está presente en todos los países, independientemente del grado de desarrollo de cada uno, con lo cual América latina no está exenta de esta problemática.

El ISAAC (International Study of Asthma and Allergies in Childhood), es un proyecto mundial de investigación sobre la prevalencia y factores de riesgo asociados a asma y enfermedades alérgicas en la infancia. Este estudio (que se puede consultar en http://www.neumologia-pediatrica.cl/wp-content/uploads/2017/06/Consideraciones.pdf) concluye que el asma es la enfermedad respiratoria crónica más frecuente en pediatría y no discrimina entre ricos y pobres y tampoco entre naciones.

Según esa investigación, Perú tiene la mayor proporción de niños asmáticos de la región con un 27%, seguido por Costa Rica (22%), Panamá y Paraguay  (17%), Brasil (16%) y Argentina (10%).

ADAPTACION

En 2015, el sitio The Lancet Countdown publicó un informe donde advierte que el cambio climático antropogénico está “amenazando más de 50 años de mejoras en el sector de la salud pública” porque afecta transversalmente todos los sectores de la sociedad.

De hecho, “pone a prueba la infraestructura de los países” asegura Antonella Risso, coordinadora técnica de Salud sin Daño,  ya que cuando ocurren olas de calor en sitios que no están preparados, los cortes de electricidad (un problema habitual cuando se llega al pico de la demanda) pueden generar graves trastornos para las personas electrodependientes o dificultar la vida en edificios por falta de ascensor y agua.

“No actuar tiene un costo elevado tanto para la salud como para la economía mundial” agrega su colega Carolina Gil Posse, quien recuerda además que la reducción del gasto que se lograría mitigando el calentamiento global es 2,5 veces superior a lo que se necesita invertir para lograrlo.

Por esta razón, adaptarse se vuelve crucial para evitar, por ejemplo, las alergias por la mala calidad del aire, la desnutrición, la diarrea y el cólera por el agua contaminada, las fallas cardiovasculares por los calores extremos o las migraciones forzadas de familias enteras por la degradación de su entorno.

Ahora bien. ¿Cómo podría el ser humano adaptarse a un problema que él mismo generó?

La OMS aprobó en 2015 un plan de trabajo que consta de 4 puntos: 1) Alianzas con otras organizaciones de Naciones Unidas que tengan la salud y el ambiente en su agenda. 2) Proporcionar información a las poblaciones sobre las amenazas climáticas y sus riesgos. 3) Coordinar las revisiones de la evidencia científica. 4) Ayudar a los países vulnerables para crear capacidad de respuesta y fomentar la salud.

Pese a ello, las iniciativas siempre parecen pocas. Así lo advierte el propio secretario general de las ONU, António Guterres: “Hoy estoy pidiendo liderazgo de los políticos, los científicos y los empresarios, y de la gente de todo el mundo. Tenemos las herramientas para que nuestras acciones sean efectivas. Lo que todavía falta, incluso tras el Acuerdo de París, es ambición para hacer lo que sea necesario. Lo que hace más alarmante al cambio climático es que los científicos nos lo vienen diciendo una y otra vez hace décadas, pero muchos líderes se negaron a escuchar. Muy pocos han actuado con el enfoque que se demanda y estamos viendo los resultados”.

Esos resultados indican que entre los 10 países más vulnerables al CC a nivel global hay 5 de América: Puerto Rico, Honduras, Haití, Nicaragua y Dominica, sin considerar los microclimas o enfermedades que afectan en particular a cada nación latinoamericana.

“La tecnología está de nuestro lado esperando ser operada: combustibles limpios, materiales de construcción alternativos o avances en la agricultura juegan un papel crucial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. No hay más tiempo que perder, y no es demasiado tarde para cambiar el rumbo”, urgió Guterres pensando en la próxima Conferencia de las Partes sobre cambio climático (COP 25), que se desarrollará en Chile entre el 2 y el 13 de diciembre.