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Fuente: saludporderecho.org

La tuberculosis (TB) es una enfermedad curable y prevenible que, sin embargo, se ha convertido en la enfermedad infecciosa más letal del mundo -por encima del VIH- y en una de las diez mayores causas globales de mortalidad: solo en 2017, alrededor de 1,4 millones de personas fallecieron y unos diez millones de personas enfermaron de tuberculosis.

Hoy , 24 de marzo, es el Día Mundial de la Tuberculosis, una enfermedad que está presente en todas las partes del mundo si bien, en 2017, más del 95% de las muertes se produjeron en países de ingresos bajos y medianos. Siete países acaparan el 64% de la mortalidad total: India, Indonesia, China, Filipinas, Pakistán, Nigeria y Sudáfrica, que también cuentan con dos tercios de los nuevos casos.

A través de la ampliación del diagnóstico y del tratamiento de las personas con tuberculosis, la mortalidad ha descendido en casi un 40% entre 2000 y 2017, evitando unas 54 millones de muertes durante ese mismo periodo.

Sin embargo, existen enormes y persistentes brechas todavía. Por ejemplo, en el diagnóstico: de las 10 millones de nuevas infecciones estimadas en 2017, solo se notificaron 6,4 millones. Pese a ser el máximo histórico de nuevos casos detectados, supone que más de 3,5 millones de personas quedaron sin diagnosticar y, en consecuencia, sin tratar.

Una enfermedad resistente a los fármacos

Además, la tuberculosis tiene cepas resistentes, multirresistentes (MDR-TB) o extremadamente resistentes (XDR-TB) a los medicamentos que no responden a uno o varios de los fármacos habituales. Se estima que en 2017 hubo 560.000 casos nuevos de tuberculosis farmacorresistente, de los cuales apenas 160.000 fueron detectados y menos de 140.000 (un 25% del total de estimados) puestos bajo tratamiento.

Las personas con tuberculosis resistente, multiresistente o extremadamente resistente a los medicamentos deben recibir tratamientos diferentes al habitual para curarse. Sin embargo, estos tratamientos no siempre están disponibles y suelen ser extremadamente tóxicos y largos (alrededor de dos años de pastillas y vacunas, a diferencia de los 6 meses de tratamiento para la tuberculosis normal). Además, los datos muestran apenas una tasa de curación del 55% con estos tratamientos para la MDR-TB y un 35% en los casos de XDR-TB.

La epidemia de tuberculosis farmacorresistente castiga de manera desproporcionada a la región de Europa del Este y Asia Central, donde casi la mitad de los casos detectados de tuberculosis son multirresistentes y el número de personas con resistencias aumenta en más del 20% cada año.

Dos nuevos fármacos para la DR-TB

Tras más de 50 años sin nuevos medicamentos, los primeros fármacos eficaces y con menos efectos secundarios en aparecer para tratar las cepas resistentes de la enfermedad fueron bedaquilina y delamanida, aprobados por la Agencia Europea del Medicamento en 2012 y 2014, respectivamente. Sin embargo, a día de hoy, apenas un 12% de los pacientes que lo necesitan han tenido acceso a estos fármacos desde entonces, incluso pese a la recomendación de la OMS en agosto de 2018 de incluir bedaquiline como eje central de los regímenes contra la MDR-TB.

Los motivos principales son las preocupaciones por la falta de datos que demuestren la seguridad de los fármacos, la reticencia de los gobiernos a incluir nuevos medicamentos en sus programas nacionales o los pocos incentivos de las farmacéuticas para registrar y comercializar sus productos en países empobrecidos. Los precios actuales de los fármacos también suponen una barrera de acceso insalvable. Investigaciones de Médicos Sin Fronteras muestran que los nuevos tratamientos que incluyen los dos fármacos conllevan un gran aumento del preciofrente a los tratamientos tradicionales. Por ejemplo, un tratamiento con bedaquiline y delamanid durante 20 meses podría alcanzar los 9.000 dólares, un 500% más del precio actual.

Compromisos tras la primera reunión de Alto Nivel de Naciones Unidas sobre TB

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) firmados en Naciones Unidas pretenden alcanzar el fin de la epidemia de tuberculosis en 2030, pero al ritmo actual no alcanzaríamos esa meta hasta dentro de 180 años. Y es que, pese a los avances realizados en los últimos años, la incidencia de nuevos casos apenas ha disminuido en un 2% al año.

En septiembre de 2018 tuvo lugar en Nueva York la primera reunión de Alto Nivel de Naciones Unidas sobre tuberculosis, demostrando la necesidad de actuar conjuntamente y al más alto nivel contra esta pandemia. Líderes mundiales, ministros de salud, sociedad civil y personas afectada por la enfermedad firmaron una Declaración Política conjunta con metas epidemiológicas para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la TB.

Entre los muchos compromisos está el de garantizar diagnóstico y tratamiento con el objetivo de tratar con éxito a 40 millones de personas con tuberculosis de 2018 a 2022. Para ello es fundamental el compromiso para superar las formas resistentes de la enfermedad a través de programas de acceso a medicamentos y diagnósticos, y el compromiso para acelerar el I+D de herramientas esenciales como vacunas, fármacos y diagnósticos asequibles, eficaces y seguros para todas las cepas de la enfermedad.

Financiación

La reunión de Alto Nivel también trajo consigo también un compromiso para la financiación. Para acabar con esta pandemia, según estimaciones de Stop TB Partnership, hará falta doblar los 6,9 mil millones de dólaresdisponibles en 2018 para prevención, diagnóstico y tratamiento en los países de rentas medias y bajas, hasta alcanzar al menos 13.000 millones de dólares al año hasta 2022, incluyendo las contribuciones a la OMS y organismos de financiación.