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En los últimos años, se ha presionado cada vez más a los gobiernos para que usen recursos internos para financiar sus respuestas nacionales al VIH. Con frecuencia, dicha presión viene de los organismos internacionales de ayuda y organismos donantes que deciden iniciar el retiro de su financiamiento de ciertos países que aparentemente cuentan con los recursos necesarios para financiar sus propios programas para el VIH. Como resultado de dichas transiciones, diversos mecanismos innovadores de financiamiento están en fase de prueba, sobre todo para financiar grupos de la sociedad civil que muchas veces son líderes en la provisión de servicios esenciales relacionados con el VIH a poblaciones clave, y Tailandia es uno de los países en los que se está empezando con ese tipo de innovaciones para financiar la respuesta al VIH.

En 2015, casi el 90 % de los 242 millones de dólares que se gastaron en programas del VIH en Tailandia provino de fuentes internas. Dado el estatus de este reino como país de ingresos medios altos, en los próximos años, los organismos donantes (entre ellos el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria) recortarán sus contribuciones financieras destinadas a dichos esfuerzos. No obstante, a pesar de la importante proporción de fondos internos que se invierten en la respuesta al VIH, la transición del financiamiento en Tailandia está acentuando los desafíos ya existentes. Así, por ejemplo, la mayor parte de los gastos internos relacionados con el VIH han sido canalizados para servicios de tratamiento del VIH, mientras que los servicios de prevención han sido financiados principalmente por donantes externos como el Fondo Mundial. Además, los servicios de prevención del VIH, sobre todo aquellos dirigidos a poblaciones clave (como hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, personas que se inyectan drogas y trabajadores sexuales), muchas veces son implementados por grupos de la sociedad civil que dependen de financiamiento externo para la ejecución de sus actividades.

Para enfrentar estos desafíos cruciales, una serie de mecanismos están en fase de prueba. Un informe publicado en 2017 resalta diversas iniciativas en Tailandia lideradas tanto por organismos gubernamentales como por grupos de la sociedad civil. Un comunicado de prensa emitido por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en marzo de 2018 también destaca una innovadora alianza de financiamiento en la que la Oficina Nacional de Seguridad Sanitaria (NHSO) proporciona recursos internos a una organización de la sociedad civil (Mplus Foundation) para prevenir el VIH en hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres. Desde mayo de 2018, una alianza de financiamiento similar a esta se encuentra formalmente en fase de prueba. En este caso, la NHSO apoya financieramente a Ozone Foundation, la organización de la sociedad civil líder en la prevención del VIH en personas que se inyectan drogas en Tailandia.

La alianza entre la NSHO y Ozone Foundation es particularmente innovadora debido a que el gobierno nacional se ha mostrado reticente a invertir en la prevención del VIH en personas que se inyectan drogas. Se estima que en el año 2015 se gastaron 3,1 mil millones de dólares en componentes de justicia penal de control de drogas, mientras que los gastos en respuestas de salud pública a las drogas supusieron la suma de 340 millones de dólares, cifra que resulta insignificante en comparación con la primera. Esto significa que más del 90 % de los recursos se destinan a la ejecución de la ley y que menos del 10 % a iniciativas en el campo de la salud, proporción de la que apenas el 0,05 % se gastó ese mismo año en reducción de daño en personas que usan drogas.

A lo largo de la historia, casi la totalidad de los gastos para apoyar programas de prevención del VIH dirigidos a personas que se inyectan drogas han sido financiados por donantes externos, y el Fondo Mundial otorgó el 80 % de los 22 millones de dólares que se gastaron para la prevención del VIH en personas que se inyectan drogas entre 2004 y 2014. En 2015, si bien el 10 % de las nuevas infecciones fueron detectadas en esta población, solo el 0,32 % del gasto nacional en VIH cubrió servicios de prevención para personas que se inyectan drogas. Básicamente, por cada dólar que el Fondo Mundial y otros donantes internacionales han invertido en la reducción de daño en 2015, el gobierno tailandés gastó más de 1 900 dólares para arrestar, procesar y encarcelar a esas mismas personas.

Harm Reduction International (HRI) está trabajando junto con Ozone Foundation y otros aliados en la campaña 10 para 2020, un esfuerzo mundial para que el 10 % de los fondos destinados para el control de drogas sean reasignados a intervenciones de reducción de daño para el año 2020, entre ellas iniciativas de prevención del VIH en personas que se inyectan drogas. En 2015, ese 10 % hubiese representado más de lo que se gastó entre 2004 y 2014 en prevención del VIH en personas que se inyectan drogas.

Un informe de HRI que será publicado en julio de 2018 y que describe el estado del financiamiento para la reducción de daño en países de ingresos bajos y medios subraya la urgente necesidad de redirigir los fondos usados para el control de drogas a iniciativas de salud pública.

«Nuestro informe pretende mostrar la drástica caída de las donaciones para la reducción de daño en países de ingresos bajos y medios en los últimos diez años. Con tantos gobiernos nacionales que no logran cubrir esta brecha de financiamiento, las personas que usan drogas corren innecesariamente el riesgo de contraer el VIH y hepatitis C, lo que sin duda representa un riesgo mucho más grande para la salud pública. Si los gobiernos realmente quieren ponerle fin al SIDA para el año 2030, las intervenciones de reducción de daño –que sí pueden salvar vidas– deben ser financiadas en su totalidad. Los donantes no pueden retirar el financiamiento que proporcionan a los países si no existe ningún plan en marcha para proteger la salud y los derechos humanos de las personas que usan drogas», señala Catherine Cook, Jefa de Investigación en Harm Reduction International.

El acuerdo piloto con la NHSO le permitirá a Ozone Foundation brindar servicios a 500 personas que se inyectan drogas en Narathiwat. Con el apoyo que actualmente recibe del Fondo Mundial, se espera que Ozone Foundation llegue a más de 9 000 personas que se inyectan drogas adicionales en 12 provincias para fines del año 2018.

«Si este piloto funciona bien, podría convertirse en un modelo de financiamiento mucho más sostenible para apoyar iniciativas de prevención del VIH en Tailandia. Por cada cliente al que se logra llegar, el nivel de financiamiento que se recibe de la NHSO es comparable con el nivel de financiamiento que actualmente recibimos del Fondo Mundial. Esto significa que en un futuro cercano podríamos llegar a tener financiamiento completo con los presupuestos nacionales», indica Verapun Ngammee, Director Ejecutivo de Ozone Foundation.

Ozone Foundation invita a las personas que se inyectan drogas a las que logra llegar para que accedan a servicios de pruebas del VIH, con una consulta de seguimiento adicional en 12 meses en caso de que los resultados sean negativos. Si los resultados de la prueba son positivos, los clientes son inmediatamente derivados a hospitales y clínicas que pueden brindar tratamiento antirretroviral. Por otro lado, los clientes de Ozone Foundation tienen acceso a sesiones educativas periódicas sobre el VIH y otros potenciales efectos negativos en la salud asociados con el uso de drogas inyectables, así como a servicios de consejería individual y de grupo, derivación a terapia de sustitución de opioides y productos básicos como preservativos y suministros seguros para la aplicación de inyecciones (como agujas, jeringas, algodones con alcohol, filtros y torniquetes). Las personas que se inyectan drogas que son clientes están en contacto con trabajadores de extensión de Ozone Foundation y otros profesionales de la salud al menos dos veces al mes.

Por cada una de las 500 personas que se inyectan drogas a las que se ha logrado llegar con este proyecto piloto en las zonas más apartadas del sur del país, Ozone Foundation recibe 5 000 THB (alrededor de 156 dólares) de la NHSO, lo que significa una subvención total de 2 500 000 THB (alrededor de 77 853 dólares). Por su parte, Mplus Foundation recibe la mitad de ese monto por lograr llegar a hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres (2 500 THB por cada uno, lo que equivale aproximadamente 78 dólares). A decir verdad, un análisis del costo-efectividad de la respuesta al VIH en Tailandia reveló que las intervenciones dirigidas a personas que se inyectan drogas eran 11,9 veces más costosas que aquellas dirigidas a hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres. Esta marcada diferencia se debe en buena parte a los costos de la criminalización.

«Los montos que se invierten en la justicia penal muchas veces crean barreras que impiden que servicios del VIH eficaces y basados en pruebas lleguen a grupos poblacionales como el de las personas que usan y se inyectan drogas. El costo de los servicios de salud pública básicamente se incrementa porque primero se deben superar las barreras de la justicia penal. Así, mientras más se criminalicen conductas riesgosas como el uso de drogas, más altos serán los costos de los mecanismos de salud pública para poder llegar a ese grupo poblacional. Gracias al proyecto denominado Financiamiento sostenible del VIH en transición (SHIFT, por sus siglas en inglés), financiado por el Fondo Mundial, pronto nuestros aliados realizarán investigaciones para analizar formalmente el costo de la criminalización en el contexto de la prevención del VIH, incluido el caso de Tailandia», manifiesta Joselyn Pang, Gerente de Programas Internacionales en la Federación Australiana de Organizaciones sobre el SIDA (AFAO, por sus siglas en inglés).

La criminalización es una poderosa razón detrás de la epidemia del VIH. Un estudio de 2017, publicado en la prestigiosa revista especializada The Lancet, «mostró claros patrones de criminalización que tienen efectos negativos en la prevención y el tratamiento del VIH a nivel individual, programático y poblacional». La Comisión Mundial de Políticas sobre Drogas también resaltó el hecho de que «el temor a ser arrestadas hace que las personas que usan drogas se aíslen y vayan a entornos de alto riesgo, lejos de los servicios de pruebas del VIH y de prevención de esta infección». En efecto, un cliente tailandés a quien se logró contactar mediante un programa de prevención del VIH que recibe apoyo del Fondo Mundial y que se implementó entre los años 2009 y 2014 declaró: «Prefiero contraer el VIH a que me arresten [otra vez]».

Ozone Foundation es una de las pocas organizaciones en Tailandia que brinda servicios de reducción de daño a personas que se inyectan drogas. La gran mayoría de los grupos que trabajan para prevenir la transmisión del VIH están dirigiendo sus esfuerzos a jóvenes, hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres y trabajadores sexuales.

«Tailanda ha logrado eliminar con éxito la transmisión materno-infantil del VIH, lo que constituye un gran logro para el país. Al mismo tiempo, cientos de ONG dirigen sus iniciativas a jóvenes, hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres y trabajadores sexuales para detener la transmisión del VIH. No obstante, en Tailandia solo tres o cuatro ONG trabajan para prevenir la transmisión del VIH en personas que usan drogras», indica Verapun Ngammee, Director Ejecutivo de Ozone Foundation.

En este contexto, la innovadora alianza de financiamiento entre la NHSO y Ozone Foundation representa un importante hito para Tailandia, y se espera que sirva de inspiración para otros organismos nacionales en el reino y en el mundo entero para incrementar las inversiones de fuentes internas en servicios de prevención del VIH en personas que se inyectan drogas. Teniendo en cuenta el gasto total en control de drogas y VIH, queda claro que Tailandia tiene recursos financieros ampliamente suficientes y disponibles, aunque si las autoridades tailandesas quieren cumplir con éxito su compromiso de ponerle fin al SIDA para el año 2030, en los próximos años serán necesarios cambios significativos en la forma de distribuir esos recursos.

Enlace del informe en inglés en PDF: SHIFT – Innovative domestic financing for PWID in Thailand

Para más información sobre Ozone Foundation y el trabajo que realiza en Tailandia, favor de contactarse con Verapun Ngammee, Director Ejecutivo de Ozone Foundation, a la dirección verapun@ozonefounation.org.